-¿Eso que es? -pregunta Eugene mientras ve un vídeo de YouTube a mi lado. Permanece cerca de mí, sin presionarme, atento a las cosas del siglo XXI.
-Un book nook -respondo algo adormilada.
Hoy me siento especialmente débil y no sé si podré trabajar, pero lo intentaré.
-¿Para qué sirve? -pregunta intrigado.
-Para decorar las estanterías, se pone entre los libros y decora.
Le miro y él me mira. Su cara es de no comprender nada. Le enseño como es, le hago mirar el vídeo para que lo comprenda mejor. Yo no tengo y no me llaman, por lo que yo no soy un buen ejemplo en ese sentido para él.
-Entiendo... pero ¿los libros por sí solos no decoran?
-No lo sé, Eugene. Hay personas a las que les gusta decorar sus estanterías, otras no. Otras, como yo, solo colocan pequeños objetos que no cubren el título del libro o alguna lámina. Depende del gusto de la persona.
-Eso sí lo entiendo, pero... las cosas modernas no van conmigo, lo siento.
-¿Por qué lo sientes? -pregunto. Ahora la que está intrigada soy yo. Él viene de un mundo analógico, uno que muchos de los que ahora vivimos ya no recordamos del todo o ni siquiera han vivido.
-Porque no comprendo a las personas. Aunque bueno, respeto el gusto de cada cual. Solo que digo que, en ocasiones, menos es más y una estantería recargada no hace más bellos los libros, sino las historias que cuentan esos libros.
Sinceramente, soy de la opinión de Eugene. Lo importante no es lo bonita o fea que sea una estantería, lo importante es saber qué libros tienes y qué cuenta ese libro.
