Seguidores

Enlaces en las entradas

En cada una de las entradas de aniversarios va el enlace público para que podáis ver el episodio, o la película, correspondiente a dicha entrada. Si alguno no funciona, por favor, decírmelo e intentaré localizarlo nuevamente para que podáis verlo. Recuerdo, esos enlaces están públicos en internet. Si alguna plataforma os da problemas, probar con activar la VPN SEGURA, eso ayuda a que se puedan ver los episodios o las películas.

Eugene no se escribe, Eugene se habita.


Hay historias que se leen. Otras que se escriben. Y luego está Eugene… una historia en la que entras y ya no sales hasta el final.

Es una historia que atrapa, pero no por su trama, sino por su latido. Una historia que no se puede contar desde fuera: hay que vivirla para entenderla, sentirla para escribirla. No admite suposiciones. Exige verdad.

Con Eugene, tengo que medir cada palabra. No decir de más. Pero tampoco quedarme corta. Escribirlo es intentar atrapar su esencia, sin traicionarlo, sin suavizarlo. Reflejarlo tal como es: con sus luces y con sus ausencias. Y aunque sea una historia compleja, cuando termino un fragmento, siento que he trabajado con el alma abierta. Y eso, créeme, reconforta.

Es cierto que el relato que publiqué no llega a las capas más hondas de Eugene. Porque un relato siempre se queda en la orilla, en lo que apenas insinúa. Pero esta historia —la que vendrá— no permite rodeos. Te obliga a comprometerte. A mirar más allá. A decidir prioridades no solo como escritora, sino como persona.

Hoy, mi prioridad absoluta es él. No he olvidado mis otros proyectos, pero ahora mismo, nada es tan importante ni tan vital para mí como Eugene Logan.

Cambiar el método, escribir desde dentro

 


Mi método de trabajo ha cambiado mucho desde que empecé esta serie. Como todo en la vida: evolucionamos, nos reinventamos, dejamos atrás costumbres que ya no nos sirven. Antes, por ejemplo, mi descanso ideal era leer un libro con una infusión en mano antes de dormir. Ahora, el descanso toma forma de dos series nocturnas. Un capítulo por serie, claro está.

Otro día os contaré con más detalle cómo trabajo y os presentaré a algunos de los personajes. Aunque aviso: no todos los que conocéis estarán en la próxima novela. Por ahora, la serie Eugene Logan incluye el relato ya publicado—el preámbulo de todo—y, como mínimo, dos novelas. La primera llegará en septiembre. ¿La segunda? Aún no puedo decirlo... pero no se hará esperar.

Ya os lo adelanté: esta historia me está exigiendo mucho. El relato no fue así, pero las novelas son otro cantar. Uno exigente, sí, pero fascinante. Me encanta sentir y poner en palabras lo que siento. Me encanta encarnar a los personajes y escribir desde lo que veo, desde lo que vibra dentro.

Antes no escribía así. Antes escribía lo que quería leer. Ahora escribo lo que siento. Lo que mi mente dibuja y lo que el alma me susurra que debo contar. A veces omito detalles porque el cuerpo y la mente no dan para más. Pero eso va cambiando. No es raro que, al llegar al capítulo 16, regrese al 14 para añadir eso que se me quedó en el alma.

Aun así, os aseguro que en septiembre tendréis la novela tal y como la he visto y sentido. Ni más ni menos que eso: una historia escrita desde dentro.


Las intenciones con Eugene

 


Al comienzo lo que buscaba era participar en el concurso de Amazon, por cierto el relato participa, pero a medida que la cosa iba avanzando y el universo de Eugene se iba expandiendo, lo cierto es que la cosa cambió mucho. Mucho porque Eugene, ya lo sabéis por esta entrada, no es una historia común y no es tampoco un personaje común. 

Con esta historia, ya, desde el principio que el relato estuvo listo, lo que buscaba era ampliar, compartir la historia, hacer algo con él que lo sacara de mi ordenador y lo llevara al máximo número de lectores posibles, aunque caminara a su ritmo. No a pasos agigantados, pero sí a pasos intensos, firmes y decididos. 

Por eso, lo publiqué y por eso continúo con la historia, aunque con la historia a un ritmo diferente. En estos momentos que escribo la entrada, la historia está muy ampliada ya, pero a camino lento, controlado. A camino muy minucioso. Eugene, en ese relato publicado, da a conocer algo de su historia, pero en lo que ahora se está haciendo, Eugene lo cuenta todo. Y cuando digo todo, digo TODO. 

Sus miedos, sus dudas, sus luchas internas, su preocupación por quienes le han dado una segunda oportunidad, su dolor por las pérdidas humanas y su deseo de que el cárter que le busca, caiga aunque él tenga que caer también. Ya informo de que eso no va a pasar. Eugene no va a morir. Eugene tiene mucho por contar y un cárter no acabará con él. 

Necesitáis, sí o sí, el RELATO PUBLICADO antes de leer lo que estoy escribiendo. Así que leerlo, ya sea en KindleUnlimited, en digital o en papel. Hacerlo antes de que lo próximo esté a la venta. Las dos cosas se alimentan y podréis comprender mejor la trama si comenzáis por el relato. 

Escribir en medio del caos

 


A veces, ponerse a escribir es un desafío enorme. Entre el ruido de la calle (porque, seamos sinceros, ¿quién puede resistirse a abrir la ventana en pleno verano cuando corre una pequeña brisa?), el de la propia casa—convivo con alguien que se cree el centro del universo—y el cansancio acumulado de los días pasados, concentrarse se vuelve casi una hazaña.

Y luego está Eugene Logan. Esta serie me agota por completo. Me exprime física y mentalmente. No me da tregua. Me obliga a estar pendiente de cada detalle, cada sensación, cada mota de polvo. Aunque tomo notas para no perderme entre escenas, personajes y flashbacks, tengo en la mente cada una de las escenas que ya he escrito. Y, al momento de escribir esto, ya son diecisiete capítulos.

Por supuesto que habrá más. Esto no acaba aquí. Los capítulos que vienen no solo traen acción, suspense o terror... traen lo que aún no sabéis que estáis buscando. Un cártel, un secuestro, un mafioso a punto de ser ejecutado… y alguien, un asesino a sueldo que, a sus 54 años, decide dejarlo todo atrás. ¿Por qué? Eso lo sabréis… a su debido tiempo.

Fin de la jornada


 -¿Seguirás trabajando? -pregunta bostezando. Se le nota cansado. 

-Bueno, pues lo cierto es que no, por hoy lo voy a dejar -respondo a Eugene. Él sonríe y se pone en pie. 

Le imito. También me pongo en pie. Estoy cansada del trabajo. Esta novela me está exigiendo hasta el mínimo detalle. No me quedo conforme si dejo algo suelto o un detalle en el tintero, por más que ese detalle sea relevante en otro capítulo más adelante que en el que estoy trabajando. 

Además, los golpes del destino prosiguen. Hoy, mientras sacaba el ventilador, me olvidé de la mano derecha y me la he pillado. El pulgar derecho es el que me da problemas, pero no importa, no me ha impedido escribir, aunque he tenido que hacerlo más despacio. Y sí, también en el ordenador voy más lenta, se necesita el pulgar derecho para la tecla... pero lo cambio por el índice derecho, incluso por el pulgar izquierdo. 

La novela va por la mitad ya. Tengo pensado publicarla en septiembre, y el título ya está pensado, falta solo la portada. Pero aún no es el momento... lo importante ahora es escribirla. Más adelante veré la portada. 

-No reveles mucho -me dice Eugene sonriente-. Cierra el ordenador y cena, es hora de descansar ya. 

-Claro, lo hago así porque, como sabes, yo te obedezco -le digo. 

Se reclina en la silla y se quita la chaqueta. Aquí empieza a hacer mucho calor, pronto dejará de utilizarla, porque a mí no me importa que se quede en camisa, no necesita estar siempre tan bien vestido, no se lo pido.

Lo único que le pido es que continúe conmigo, me siga hablando y me siga contando esta hermosa historia. 

Regresando al trabajo

 


-Procura descansar un poco más, creo que te iría bien. -Suspira y me mira con resignación. 


Llevo dos días descansando, aunque no termino de recuperar las fuerzas. A una cosa le sigue otra. Ahora son los oídos. 


-No voy a trabajar tanto como otros días, sólo hasta las 7, lo prometo. 


Sonríe y se sienta en la silla. Sabe que espero a que él me cuente, aunque en esta ocasión, él no saldrá en el capítulo. Sin embargo, le necesito para que me cuente lo que sabe de la casa y de la pareja. Me dice que es bastante, él se infiltra en el cártel, pero hay cosas que no puedo decir aquí para no desvelar demasiado de la trama. 


Al menos, puedo decir que me siento mejor, que tengo más fuerzas y más claridad mental... aunque me siento como si estuviera en una cueva llena de eco. No sé bien qué digo y tampoco sé bien qué oigo... 


Por lo menos, para escribir solo debo usar las manos, no los oídos y, sí, Eugene me habla, pero en mi cabeza, los oídos no cuentan aquí. Al menos por el momento jajajaja 


*podéis conocer la historia de Eugene Aqui*

De inspiración y cuidado


 -No me gusta que enfermes -me dice Eugene sentado a mi lado. Mi observa serio, la mirada triste. 

-Ya, ni a mí tampoco me gusta estar enferma... qué hago? -pregunto sin buscar una respuesta porque no la necesito, sé que solo puedo dar tiempo al tiempo, mi enfermedad lleva conmigo mucho tiempo y no se va ir de la noche a la mañana. 

-Ven conmigo, apóyate en mí. Otra cosa no puedo hacer... si sirvo de apoyo algo seré... 

Obedezco. Me apoyo en su pecho. Su corazón late lento y pausado. El mío deprisa. Estoy helada. Él me abraza intentando que entre en calor pero no puedo. Cuando logro entrar en calor es por un sofoco. Los médicos dicen que es la menopausia ja, les digo yo, ¡si me pasa desde los 13 años! ¡Qué niña de 13 años tiene menopausia!

Dejo pasar el tiempo. Me muevo un poco y pongo música en el ordenador. La música amansa a las fieras, dice un dicho, yo digo que bueno, amansará a lo que se quiera, a mí me alivia siempre, así que la pongo en un volumen bajo. En casa dicen que si pongo música es que estoy bien... ojalá fuera así, pero no lo es. 

-Mientras escuchas la música, imagina que estás en un bosque, con un pequeño arroyo de agua cristalina susurrando, sin hacer ruido. Lo que se escucha bien es el canto de los pájaros. Es un canto armonioso, tranquilo, un canto que invita a disfrutar de el. Déjate arrullar por su canto y cierra los ojos, si te duermes, sueña con este bosque donde estamos solos y donde nadie nos molesta, ni interrumpe, ni exige... aquí solo estamos los dos, el agua cristalina para beber, los árboles para darnos frescos y sombra del sol y los pájaros para acompañar la música que tanto te gusta, y a mí también. Descansa. 

Me rindo ante la petición de Eugene porque no tengo fuerzas, porque ya estoy agotada y ni saliva puedo tragar. He llegado al límite y es hora de parar. Por hoy, por mañana... por lo que sea, es hora de parar. Él se queda conmigo. 

El trabajo avanza, eso no se detiene, va lento pero va, a casi un capítulo por día. De donde consigo sacar las fuerzas no lo sé. Supongo que de esa mirada que me atravesó cuando me llegó la idea del asesino redimido... es posible. Lo cierto es que el universo que se ha creado en torno a Eugene no es solo un relato, el relato que podéis leer AQUÍ es solo una puerta de entrada. Lo demás llegará muy pronto. Quizás me demore un poco por mi enfermedad, pero no importa. A más tardar en septiembre estará, de eso estoy segura. 

Cuando la historia te habla, tu escuchas y  obedeces, no tienes otra opción. 

¿Cómo nació esta historia?

Toda historia tiene un principio, un motivo, un nacimiento... Toda historia tiene una consecuencia y un camino por recorrer, no todas empiezan igual y no todas acaban igual. Esta historia, la de Eugene, aún sigue en marcha. No sé dónde terminará, ni tampoco sé hacia donde se dirige, lo que sí puedo decir, es cómo y cuándo nació... guardando la parte más íntima para mí. 

Eugene nació gracias a alguien que siempre fue una presencia en mi vida, y que sí lo supo. Se lo dije. Una noche, volví a ver su rostro en una serie, y algo en su mirada me sostuvo desde la pantalla. No fue un personaje, ni un actor. Fue algo más profundo. Algo que, sin palabras, trajo consigo una historia entera y me susurró: ‘aquí estoy’. Desde ahí nació Eugene. Él no es Eugene, pero sin él, Eugene no existiría. Lo demás... lo guardo para mí.

De libros y decoraciones


 -¿Eso que es? -pregunta Eugene mientras ve un vídeo de YouTube a mi lado. Permanece cerca de mí, sin presionarme, atento a las cosas del siglo XXI.

-Un book nook -respondo algo adormilada.

Hoy me siento especialmente débil y no sé si podré trabajar, pero lo intentaré.

-¿Para qué sirve? -pregunta intrigado. 

-Para decorar las estanterías, se pone entre los libros y decora. 

Le miro y él me mira. Su cara es de no comprender nada. Le enseño como es, le hago mirar el vídeo para que lo comprenda mejor. Yo no tengo y no me llaman, por lo que yo no soy un buen ejemplo en ese sentido para él. 

-Entiendo... pero ¿los libros por sí solos no decoran? 

-No lo sé, Eugene. Hay personas a las que les gusta decorar sus estanterías, otras no. Otras, como yo, solo colocan pequeños objetos que no cubren el título del libro o alguna lámina. Depende del gusto de la persona. 

-Eso sí lo entiendo, pero... las cosas modernas no van conmigo, lo siento. 

-¿Por qué lo sientes? -pregunto. Ahora la que está intrigada soy yo. Él viene de un mundo analógico, uno que muchos de los que ahora vivimos ya no recordamos del todo o ni siquiera han vivido. 

-Porque no comprendo a las personas. Aunque bueno, respeto el gusto de cada cual. Solo que digo que, en ocasiones, menos es más y una estantería recargada no hace más bellos los libros, sino las historias que cuentan esos libros. 

Sinceramente, soy de la opinión de Eugene. Lo importante no es lo bonita o fea que sea una estantería, lo importante es saber qué libros tienes y qué cuenta ese libro. 

Fin de semana

 


-Es fin de semana, qué vas a hacer -me dice mirándome fijamente. Sabe que hoy cumple una semana, que hace una semana que se publicó el relato PODÉIS LEERLO AQUÍ y que la novela lleva 4 capítulos completos. 


-Voy a intentar descansar un poco, hacer las cosas de la casa y a seguir trabajando ¿por qué?

 -pregunto con extrañeza. No sé qué planes tiene él pero sus planes y los míos rara vez son distintos. 


-Pues había pensado que tal vez podíamos hacer algo distinto. Algo como charlar tú y yo pero sin que el trabajo coincida de por medio, conocernos un poco. 


-Pero tú me conoces a mí perfectamente. Yo no tengo secretos para ti. 


-Ya, ni yo tampoco. Me conoces hasta lo que no te he contado... 


-Entonces, cómo nos vamos a conocer si ya nos conocemos... no tiene sentido, Eugene. 


Ríe a carcajadas. Me encanta cuando ríe, su risa es contagiosa. Estoy agotada, he de reconocerlo, aunque con esa risa acabo por casi olvidar por completo mi cansancio para no pensar más que en esa risa. Una risa sincera, única y una risa que te hace volar. 


A veces lo mejor que puede una persona hacer es reír aunque no sepa por qué. Yo sí sé porque me rio, lo hago porque él se está partiendo de la risa por completo. 


Eso me recuerda a que ayer, yo también estuve riendo bastante. Reí toda la tarde hasta el llanto, hasta que me dolieron las mejillas y la tripa por un comentario que le escuché a él.

 
-Esta noche tenemos terrones de azúcar para cenar. 


Aún me pregunto qué clase de persona cena terrones de azúcar... qué somos ahora caballos... pero la cosa no terminó ahí, sino que luego, soltó con toda la tranquilidad del mundo: 


-Aquí lo que hace falta es un trapecio. 


Vale, ahora la casa es la carpa de un circo... quién se va a subir al trapecio... yo no desde luego y a él tampoco le veo haciendo piruetas como si fuera un acróbata... 


En fin, que aquí está riendo a carcajadas y yo a duras penas consigo escribir porque también me estoy partiendo de la risa con todo esto. Es fin de semana, así que... a desconectar un ratito ¿no os parece? 

La canción de Eugene

 Hoy he averiguado cuál es la canción preferida de Eugene. Esa canción que resuena con él y que, aunque no tenía sentimientos hasta hace 2 años, está empezando a ver y vivir la vida. Os dejo el vídeo para que conozcáis su canción. Y no, aún no está enamorado. Desconozco si algún día se enamorará, pero mientras, hay una historia que contar. 

Podéis conocer el comienzo de esta serie AQUÍ



Entre música, escritura y descansos


 -Descansa un poco -me dice Eugene sentado a mi lado. Está en la silla, su mano en mi hombro. Sonríe con esa sonrisa suya tan contagiosa y esa mirada suya tan profunda. 

-Tengo que hacer las cosas de la casa... pero sí, hoy estoy agotada, hoy no tengo fuerzas ni ganas -respondo frente al ordenador. La historia está tan perfilada que ya podría pasar al ordenador los dos primeros capítulos. 

-Deja eso para otro día, más adelante. No tengamos prisa. Yo no me voy a ir a ninguna parte, yo me quedo aquí. Toma algo, un refresco o algo. Lo prepararía yo, pero no puedo. 

Sonrío. No, no puede prepararlo porque es un espíritu. Si no lo fuera, está claro que sí lo haría. Claro que lo haría... haría mucho más de lo que yo necesitaría... Pero no puede. 

En fin, mientras suena en el ordenador unas sevillanas de Ecos del Rocío, preparo una infusión. Me la tomaré despacio y tranquila, solo para mí. El mundo y las faenas no van a enloquecer por unos minutos... 

En la cocina, mientras preparo la infusión, me habla: 

-¿Quién canta? 

-Ese es Manuel Berraquero. 

-Uno de los que conociste en la Feria del pueblo, ¿no? 

-Sí, así es. Lo conocí junto a Jonathan Santiago. Paco Candela fue el sábado. 

-Canta muy bien. 

Continúo en la cocina. Estoy tan cansada que el hecho de calentar agua me agota. Me vuelve a hablar. Me distrae y hace que vuelva en mí. 

-Tienes el cabello muy largo ya, ¿te lo vas a cortar? 

-No, no voy a cortarme el cabello. 

Vuelve a sonar otra canción. 

-¿Y ese quién es? 

-Ese es Jonathan Santiago. 

-Pues canta muy bien... 

-Ve allí al salón a escucharle y verle, yo me entero desde aquí... 

Sale de la cocina y cuando llego al salón con la infusión me habla de nuevo. 

-Tienes el cabello muy parecido al de Jonathan Santiago. No te lo cortes, me gustan las mujeres que el cabello largo. 

Me sonrojo y prosigue. 

-Y me gustan los cantantes que tienes en la Playlist: Emmanuel, Camilo Sesto, Ecos del Rocío, Manuel Berraquero, Jonathan Santiago, Mari Trini... 

-Aún no los has escuchado a todos. 

-Lo haré. ¿Nos tomamos el día de relax? Lo necesitas y estoy dispuesto a darte lo que necesites y yo pueda dar. 

-Como quieras, tú mandas. 

-¿Yo? Serás tú... 

-En el trabajo mandas tú, Eugene. Yo solo soy un canal vivo, nada más. 

-Entonces, hoy mando que descanses un poco. Es miércoles, tomemos el miércoles para bajar el ritmo y el domingo para descansar. Si veo que puedes, pasas al ordenador hoy los primeros dos capítulos y terminamos el tercero. Solo si veo que puedes. O pasas uno nada más, o terminamos el tercero... la cosa es que descanses pero que continúes hoy con un ritmo más bajo. 

Le miro. Habla serio, pero sin forzarme. Su mirada serena me relaja. Él sabe que yo descanso cuando trabajo, que para mí, escribir su historia es un remanso de paz. No le respondo, solo le miro. 

Mi día a día escribiendo la historia de Eugene

 


Conversación con Eugene: 


Estoy en la cocina, preparando la comida, un guiso sencillo: tomate frito casero con huevo y atún. La necesidad de ponerme a escribir es muy fuerte y a duras penas consigo centrarme en el cuchillo que manejo. 

Casi me corto. El filo del cuchillo ha llegado a levantar mi piel. No hay sangre, es superficial nada más. 

-Eugene, hablemos mientras, no quiero que me falte hoy un dedo -digo resignada a que esta historia me posea por completo. 

-Claro, dime, qué quieres saber. -Está de pie, apoyado en la puerta de la cocina. Es muy alto, más de metro ochenta, yo no llego al metro sesenta, pero aunque a los demás podría intimidar, a mí no me intimida. Le conozco desde mi más tierna infancia, solo que ahora no es un ser humano, es el espíritu de un asesino que cuenta una historia. Pero da lo mismo, es él y para mí es suficiente. Su cabello canoso y su barba perfilada me hacen sentir cómoda. Cuando le conocí no tenía barba y su cabello era negro. 

-¿Cuándo podrán los lectores conocer el modo en el que fue ejecutado el agente Colt? -pregunto mientras retomo el pelar los tomates. La cebolla y los ajos ya están pelados y picados. 

-Cuando yo me entere -responde con calma-. Perdona,  la música que tienes en el ordenador se ha parado, hay publicidad. Si pudiera cambiarla yo lo haría, pero no puedo hacerlo. 

-No importa, yo lo hago. -Voy al ordenador, que está en el salón, y salto la publicidad. En la Playlist, ahora canta Camilo Sesto. 

-¿Cuándo te enterarás? -pregunto mirándole a los ojos. Esos ojos oscuros. Me enorgullezco de que yo los tengo como él. 

-Cuando me infiltre en el cártel -responde con una media sonrisa. 

Me quedo helada. ¿Infiltrarse en el cártel? Le matarán, quieren matarle... Niego con la cabeza. 

-No, no puede ser -bajo la cabeza y continúo con los tomates-. Te matarán, no voy a permitir eso. 

-No me van a matar, yo no voy a morir. Tengo mucho que hacer y contar. No voy a morir, te lo prometo, no te haré pasar por eso. Nunca lo haría. 

-Gracias... -no sé qué decir. Lanzo al cubo de basura el piel de los tomates y comienzo a cortarlos en dados. Cambio de pregunta, necesito aliviar mi espíritu ahora-. ¿Tienes hijos o esposa? 

-No. No los tengo -responde con firmeza. 

-¿Estás seguro? -pregunto con algo de picardía. 

-Claro que estoy seguro. ¿No confías en mí? -su sonrisa también es pícara, mucho más que la mía. Sus mejillas se ensanchan con esa sonrisa y yo también sonrío. 

-Claro que confío en ti. Sabes que siempre lo he hecho. 

-Entonces... -Sonríe de nuevo y comienzo a preparar la cacerola-. Perdona, la música de nuevo. ¿Cuándo le toca a mi canción?

-Voy. A tu canción muy pronto, tranquilo, la escucharemos en el salón juntos. Sabes que yo dejo la comida sola, no estoy pendiente de ella. ¿Alguna vez te has enamorado?

-Para enamorarme tengo que tener sentimientos, y yo, hasta hace dos años no los he tenido. 

Sonríe. Salto el anuncio y le toca a una canción de Emmanuel.   

Pongo la cacerola al fuego y dejo que los tomates se hagan.

Él me mira sonriente. Sé que lo hace porque la comida nunca se me pega, ni se me queda sin caldo ni nada aún cuando estoy fuera de la cocina, y eso que por el resfriado no puedo oler... pero no lo necesito. Además, viéndole cocinar en cierta ocasión aprendí a darle la vuelta a la tortilla y a los filetes.

Regreso al salón. La siguiente canción es también de Camilo Sesto y, luego, la de Eugene. Está a mi lado, sentado en la silla, esperando. Sabe que luego me voy a poner con su historia, y que es algo que deseo con todas mis fuerzas. 

*Si queréis conocer parte de la historia de este personaje, podéis hacerlo aquí La redención de Eugene *

ENTRADAS MÁS LEÍDAS

Vistas de página en total