-Descansa un poco -me dice Eugene sentado a mi lado. Está en la silla, su mano en mi hombro. Sonríe con esa sonrisa suya tan contagiosa y esa mirada suya tan profunda.
-Tengo que hacer las cosas de la casa... pero sí, hoy estoy agotada, hoy no tengo fuerzas ni ganas -respondo frente al ordenador. La historia está tan perfilada que ya podría pasar al ordenador los dos primeros capítulos.
-Deja eso para otro día, más adelante. No tengamos prisa. Yo no me voy a ir a ninguna parte, yo me quedo aquí. Toma algo, un refresco o algo. Lo prepararía yo, pero no puedo.
Sonrío. No, no puede prepararlo porque es un espíritu. Si no lo fuera, está claro que sí lo haría. Claro que lo haría... haría mucho más de lo que yo necesitaría... Pero no puede.
En fin, mientras suena en el ordenador unas sevillanas de Ecos del Rocío, preparo una infusión. Me la tomaré despacio y tranquila, solo para mí. El mundo y las faenas no van a enloquecer por unos minutos...
En la cocina, mientras preparo la infusión, me habla:
-¿Quién canta?
-Ese es Manuel Berraquero.
-Uno de los que conociste en la Feria del pueblo, ¿no?
-Sí, así es. Lo conocí junto a Jonathan Santiago. Paco Candela fue el sábado.
-Canta muy bien.
Continúo en la cocina. Estoy tan cansada que el hecho de calentar agua me agota. Me vuelve a hablar. Me distrae y hace que vuelva en mí.
-Tienes el cabello muy largo ya, ¿te lo vas a cortar?
-No, no voy a cortarme el cabello.
Vuelve a sonar otra canción.
-¿Y ese quién es?
-Ese es Jonathan Santiago.
-Pues canta muy bien...
-Ve allí al salón a escucharle y verle, yo me entero desde aquí...
Sale de la cocina y cuando llego al salón con la infusión me habla de nuevo.
-Tienes el cabello muy parecido al de Jonathan Santiago. No te lo cortes, me gustan las mujeres que el cabello largo.
Me sonrojo y prosigue.
-Y me gustan los cantantes que tienes en la Playlist: Emmanuel, Camilo Sesto, Ecos del Rocío, Manuel Berraquero, Jonathan Santiago, Mari Trini...
-Aún no los has escuchado a todos.
-Lo haré. ¿Nos tomamos el día de relax? Lo necesitas y estoy dispuesto a darte lo que necesites y yo pueda dar.
-Como quieras, tú mandas.
-¿Yo? Serás tú...
-En el trabajo mandas tú, Eugene. Yo solo soy un canal vivo, nada más.
-Entonces, hoy mando que descanses un poco. Es miércoles, tomemos el miércoles para bajar el ritmo y el domingo para descansar. Si veo que puedes, pasas al ordenador hoy los primeros dos capítulos y terminamos el tercero. Solo si veo que puedes. O pasas uno nada más, o terminamos el tercero... la cosa es que descanses pero que continúes hoy con un ritmo más bajo.
Le miro. Habla serio, pero sin forzarme. Su mirada serena me relaja. Él sabe que yo descanso cuando trabajo, que para mí, escribir su historia es un remanso de paz. No le respondo, solo le miro.
