A veces, ponerse a escribir es un desafío enorme. Entre el ruido de la calle (porque, seamos sinceros, ¿quién puede resistirse a abrir la ventana en pleno verano cuando corre una pequeña brisa?), el de la propia casa—convivo con alguien que se cree el centro del universo—y el cansancio acumulado de los días pasados, concentrarse se vuelve casi una hazaña.
Y luego está Eugene Logan. Esta serie me agota por completo. Me exprime física y mentalmente. No me da tregua. Me obliga a estar pendiente de cada detalle, cada sensación, cada mota de polvo. Aunque tomo notas para no perderme entre escenas, personajes y flashbacks, tengo en la mente cada una de las escenas que ya he escrito. Y, al momento de escribir esto, ya son diecisiete capítulos.
Por supuesto que habrá más. Esto no acaba aquí. Los capítulos que vienen no solo traen acción, suspense o terror... traen lo que aún no sabéis que estáis buscando. Un cártel, un secuestro, un mafioso a punto de ser ejecutado… y alguien, un asesino a sueldo que, a sus 54 años, decide dejarlo todo atrás. ¿Por qué? Eso lo sabréis… a su debido tiempo.
