Ayer escribí. Hoy releo. Y no me convence.
Qué importante es dejar reposar.
Las ideas, como el pan, necesitan tiempo. No siempre salen del horno listas para ser servidas. A veces están crudas, otras demasiado hechas. Y otras, simplemente, no son para hoy.
Hoy no tengo tiempo, ni fuerzas, ni energía. Y está bien. Porque también eso forma parte del proceso creativo. Porque también eso merece ser contado.
Quizá esta calma que siento tiene que ver con que todo lo que tenía en marcha ya está en su sitio. Las piezas encajaron. Los hilos que antes se enredaban ahora descansan en su madeja. Y el otoño, con su luz dorada y su aire templado, me ha dado la paz que mi alma necesitaba.
Así que esta entrada no es una entrada. Es una pausa. Una rendición honesta. Un recordatorio de que incluso cuando no escribimos, estamos escribiendo.
