No escribo desde fuera.
No observo a mis personajes como si fueran marionetas.
Yo los habito.
Siento lo que sienten, temo lo que temen, amo con sus amores y muero con sus pérdidas.
Ayer terminé un capítulo de novela. Intenso. De esos que te dejan temblando. Estuve escribiendo más de doce horas, con apenas dos de descanso. Y esta noche he dormido cinco. No por falta de tiempo, sino porque el cuerpo aún no ha salido del relato.
Escribir desde dentro no es solo una técnica. Es una forma de estar en el mundo. Una forma de vivir muchas vidas sin dejar de ser una misma. Y sí, agota. Pero también transforma.
Hoy estoy cansada. Y está bien. Porque este cansancio es el eco de algo verdadero.
Y sí, tengo que aprender a salir de mis personajes... pero... cómo se hace eso... si alguien sabe que me diga, por favor.
