Dentro de la primera temporada de Shirley Temple’s Storybook, Pernell Roberts participó en cuatro episodios, pero uno de los más recordados por su tono singular es La bella durmiente. Este capítulo, basado en el clásico cuento de hadas, combina la magia y la tragedia del relato original con un inesperado toque de humor que lo distingue de otras adaptaciones televisivas de la época.
La historia sigue la conocida trama de la joven princesa condenada a un sueño eterno por un hechizo, y del príncipe destinado a despertarla con un beso. Sin embargo, lo que hace especial esta versión es la presencia del rey Thorabone, a quien dio vida Pernell Roberts, un personaje que aporta una dimensión cómica y excéntrica al relato.
El rey Thorabone es un monarca de buen corazón, pero con un sentido del afecto tan peculiar como su carácter. Entre sus gestos más memorables se encuentra el de regalar animales muertos a la princesita, un detalle que, lejos de resultar macabro, se convierte en una muestra del humor absurdo y entrañable que recorre el episodio. Roberts da vida al rey con una mezcla de solemnidad y torpeza que genera un contraste delicioso con la atmósfera melancólica del cuento.
Mientras la princesa duerme, el reino continúa su vida envuelto en una maraña de comedia y confusión, donde los personajes secundarios intentan mantener la normalidad en medio de la tragedia. Este equilibrio entre lo trágico y lo cómico es uno de los mayores aciertos del episodio: la tristeza del hechizo se ve suavizada por la humanidad y el humor de quienes quedan despiertos.
El trabajo de Pernell Roberts destaca por su capacidad para moverse entre la farsa y la emoción sin perder credibilidad. Su rey Thorabone no es un bufón, sino un hombre que intenta sobrellevar la desgracia con gestos torpes y cariño mal expresado. Su trabajo demuestra una comprensión profunda del tono narrativo, donde la ternura subyace a la risa y la tristeza a la comedia.
La bella durmiente en Shirley Temple’s Storybook es un ejemplo de cómo la televisión de los años cincuenta podía reinventar los clásicos con sensibilidad y originalidad. Gracias a la presencia de Pernell Roberts, el episodio adquiere una textura única, donde el humor no destruye la magia, sino que la enriquece. Su rey Thorabone se convierte así en una figura inolvidable: un hombre amoroso, excéntrico y profundamente humano, que sigue haciendo reír incluso mientras el reino duerme.
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