Eugene está ahí. No dice mucho. Solo se sirve café y lo deja enfriar sobre la mesa, como hace siempre que algo se acaba… aunque en realidad, nada termina del todo.
—Se acabó julio —murmura, sin levantar la voz—. Pero tú y yo seguimos.
Asiento. No hace falta más. En unas horas, faltará un mes para que la primera novela vea la luz. Y eso ya se siente como un suspiro que viene desde lejos.
Este día no pesará. No es un adiós. Es más bien un "nos vemos en breve con otro número en la página". Todo sigue: el blog, las palabras, los silencios, los personajes que respiran a su ritmo… y el hilo que, sin decirlo, nos sostiene.
—Estoy un poco nerviosa... —susurro.
—¿Por qué no lees un poco? Aún es pronto para ponernos a trabajar —responde.
Yo también me sirvo un café y me siento junto a él. Lo bebemos en silencio. Dejamos que el tiempo pase, despacio.
Hoy, además, se cumplen dos meses de esa tarde tan especial en la que di vida a Eugene Logan, en la que el relato que podéis leer AQUÍ nació. Tantas cosas han pasado que... no digo nada. Le observo con cariño y reposo mi cabeza en su hombro.
A veces, antes de entregarle el alma al mundo, hay que dejarla reposar un poco.
