Si tuviera que agradecer algo, sería la suerte inmensa de haber visto cumplido un sueño y de tener otro a punto de hacerse realidad. No confiaba en que fuera posible.
El primero era muy difícil. Demasiado… y se cumplió. Desde muy pequeña tenía un deseo muy específico: ponerme en contacto con Pernell Roberts. Para mí era un hito, casi imposible.
Y, sin embargo, lo logré. Hace muchos años, antes de que él dejara este mundo, pude escribirle y decirle todo lo que para mí significaba. Todavía recuerdo la emoción y los nervios en mis manos mientras le enviaba mis palabras. A veces me pregunto cómo tuve tanta suerte… pero lo cierto es que ocurrió, y eso me da fuerzas para no rendirme cuando las cosas se ponen difíciles.
Le dediqué dos canciones muy especiales: una para decir adiós a lo que me dañaba, y otra para prometerle algo importante. Esa promesa hoy sigue guiando mis pasos. Él sabe que, aunque no es fácil, avanzo día a día. Para mí, lo que me pidió es sagrado.
Cuando lo pienso, me invade la gratitud: los sueños improbables también pueden cumplirse, y cuando lo hacen te sostienen toda la vida.
No soy quién para decir si lo he logrado o no, pero al menos, sí que estoy en el camino.
Un sueño cumplido que me da fuerzas y significa lo que no os podéis imaginar, y otro que, vosotros diréis si está o no cumplido.
Nota: Edito porque no me vi la primera vez capaz de decirlo todo. No obstante, no hay mal en ello, y sé que lo comprendéis.
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